1. Dolor crónico

  2. Biopsicosocial

  3. Disfunción somática

  4. Carga alostática

  5. Tacto

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Dolor crónico

El dolor crónico es una experiencia individual y cada persona responde al dolor en una manera diferente. El sufrimiento (experience of pain) está influenciado por multitud de factores como las expectativas culturales, edad, genero, traumas anteriores, recidivas y estado de salud en general, etc. (IASP, 2020; Raja, Carr and Cohen, 2020)  Entonces, el dolor crónico no es una extensión linear de un dolor agudo, y requiere un abordaje holístico para su asesoramiento y gestión. El dolor agudo es una respuesta adaptativa de defensa de otros posibles daños causados por lesiones, infecciones. El dolor crónico es el que persiste más de 3 meses y que se transforma en enfermedad (Pain, 2015).

Las organizaciones internacionales (WHO, lASP), desde mayo 2019 diferencian entre Dolor crónico primario y secundario (IASP, 2020)

El dolor crónico primario: representa el dolor crónico como una enfermedad en sí misma. El dolor crónico secundario: es dolor crónico donde el dolor es un síntoma de una afección subyacente.

Biopsicosocial

El dolor es complejo, subjetivo y no existen biomarcadores únicos para todas las personas (Borsook, Sava and Becerra, 2010) . Es mucho más que un problema de “tejidos”. Cuando es crónico se tiene que tener en cuenta un Sistema multidimensional y multifactorial confuso, un conjunto de síntomas que a menudo pueden parecer ajenos a la lesión incitadora (si hubiera una).

Además de una compleja interrelación entre antecedentes (Melzack, 1975) o una mala respuesta central por hipersensibilización (Gatchel et al., 2007), evidencia reciente avalan el rol del sistema inmune sobre la dimensión biopsicosocial.

Lorimer Moseley afirma que el dolor es: “a conscious correlate of the implicit perception that tissue is in danger” (Mustian et al., 2007), es decir que la finalidad del dolor es de protección – una experiencia que nos motiva a parar o a cambiar nuestros comportamientos.

El modelo biopsicosocial nos permite diferenciar las diferentes dimensiones de dolor. Es un forma de entender la persona desde su aspecto “molecular” hasta la parte “ambiental” (Moseley, 2013).

Disfunción somática

La osteopatía, a veces todavía se considera como un tratamiento manual con el objetivo de tratar la disfunción somática (SD) y los trastornos relacionados (Barta, 2014).

En literatura reciente (Fryer, 2016), la disfunción somática no se ha presentado como una sola entidad clínica, sino como consecuencia de numerosos factores neurológicos y tisulares(Lunghi et al., 2020). La SD se puede tratar a través de abordajes psicosociales y psicoespirituales (hands-off) y manuales (hands-on). El puente entre los modelos biomecánicos y psicosociales-espirituales podría estar en la integración de la fisiología del estrés, el dolor y las respuestas y procesos inflamatorios en la práctica clínica osteopática  (Sampath, Katare and Tumilty, 2019).

Carga alostática

Los osteópatas proporcionan un tratamiento que promueve la salud general (Fryer, 2017; Tassorelli et al., 2017).

La salud se considera la capacidad de mantener la funcionalidad de los sistemas fisiológicos a través de la adaptación (McEwen and Wingfield, 2003). Los seres humanos podrían mantener y desarrollar su salud (es decir, salutogénesis) (Antonovsky, 1996), incluso en circunstancias externas difíciles a través de respuestas homeostáticas-alostáticas (equilibrio-desequilibrio) (McEwen and Wingfield, 2010) . Un estado alostático conduce a un desequilibrio de los mediadores primarios, y su efecto acumulativo conduce a una carga alostática (Lunghi et al., 2020). La sobrecarga alostática precipita el desarrollo de dolor persistente debido al estrés impredecible. Los niveles de estrés tóxico conducen a un círculo vicioso de respuestas mal adaptativas como inflamación, daño cerebral y aumento de la vulnerabilidad al dolor persistente (Abdallah and Geha, 2017).

Tacto

La osteopatía es una terapia manual y se basa en la palpación, tacto y palabras (Kelly et al., 2018; McGlone et al., 2017). Una correcta comunicación (Licciardone, Schmitt and Aryal, 2019) y palpación (no es lo mismo tocar que tratar) favorece que la terapia manual inicie una cascada de cambios neurofisiológicos en varios sistemas, incluido el sistema nervioso periférico, el sistema nervioso autónomo y el sistema endocrino, influyendo así en el eje hipotalámico-hipófisis-adrenal y en el sistema de respuesta al estrés (sobrecarga alostática) (D’Alessandro, Cerritelli and Cortelli, 2016; Edwards, Young and Johnston, 2018; Ruffini et al., 2015; Cerritelli et al., 2020). La evidencia muestra como un toque suave / afectivo actúa sobre las fibras CT (C-tactile fibers) y por lo tanto modula la vía interoceptiva (McGlone et al., 2017).

Escuela Superior de Osteopatía

Prof. Dr. Antonio Ciardo, DO, MSc, MBA


REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS

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