Los trastornos del sueño son uno de los motivos de consulta cada vez más frecuentes en pediatría.  Según los datos del grupo de Trastornos del sueño de la Sociedad Española de Neurología Pediátrica (SENEP), “las alteraciones del sueño afectan a un 30% de los menores de 5 años”.

Por otro lado, diversos estudios internacionales, han concluido que los trastornos del sueño, además de afectar al comportamiento y el estado de ánimo, pueden alterar las funciones cognitivas como atención selectiva, la concentración, la vigilancia y la memoria. Aunque no se sabe aún con exactitud, qué hace el cerebro durante el sueño, algunos científicos creen que además de almacenar y clasificar información, fabrica sustancias químicas y resuelve temas.

Los terrores nocturnos son uno de los trastornos más frecuentes en la infancia. Científicamente, este trastorno se conoce como “parasomnia” y se considera una reacción anormal del sistema nervioso que ocurre durante el sueño.

Los terrores nocturnos son totalmente distintos a las pesadillas.  Mientras éstas ocurren en la segunda parte de la noche, en una etapa en la que se puede soñar, los terrores nocturnos tienen lugar en la primera parte de la noche (la fase de sueño profundo), en la que no es posible soñar, explica el Servicio Nacional de Salud del Reino Unido.

Después de una pesadilla, si el niño se despierta, conserva un recuerdo de lo que estaba soñando. Esto no ocurre con los terrores nocturnos. El niño se asusta, se acelera su ritmo cardíaco, suele sudar gritar o sollozar demostrando mucha agitación. Es muy difícil despertarles, pues no suelen responder a estímulos externos. Tampoco se suele aconsejar. A la mañana siguiente o después si se despierta, no hay recuerdo de ese episodio.

Como explica José Alfonso Herraiz, jefe del departamento de Kinesiología de Philippus Thuban, “las flores de Bach han demostrado ser una herramienta muy eficaz y rápida para combatir los terrores nocturnos. Prácticamente carecen de  efectos secundarios y se les pueden administrar a los niños desde edades tempranas. A través de la kinesiología podemos identificar qué flor o flores de Bach le conviene tomar al niño, y utilizar diversas técnicas de tipo emocional para mejorar la calidad del sueño de los niños y de los padres”.

La formación en Kinesiología integrativa de Philippus Thuban, por su eficacia y practicidad, es una herramienta muy útil que puede ser usada tanto de forma exclusiva como complementaria en manos de médicos, psicólogos, fisioterapeutas, osteópatas, quiroprácticos, homeópatas, naturópatas, acupuntores, quiromasajistas y demás terapeutas. Para más información puedes visitar http://bit.ly/kinesiologíageneral

José Alfonso Herraiz es Jefe del departamento de Kinesiología de Philippus Thuban, Experto Universitario en Kinesiología Neuroholística. Titulado Superior en Terapias Naturales, en las especialidades de Naturopatía y Terapia Tradicional China por el RCU. Experto Universitario en Naturopatía y Máster en Homeopatía Unicista.