Por qué me decidí a estudiar osteopatía.

La verdad es que la historia viene de lejos. Desde muy pequeño siempre me ha llamado la atención el cuerpo humano y tengo recuerdos de estar en el colegio sosteniendo algún atlas de anatomía y hablando con amigos de lo que en ellos encontraba.

Cuando de pequeño me empezaba a preguntar “¿qué querría ser de mayor?” sabía que quería ayudar a los demás con su salud y en la mente ser médico encajaba, ya que para mí solo existían los médicos y las enfermeras en el ámbito de la salud. Pero, como en la mente de un niño de más o menos 7 años, tenía una idea distorsionada de lo que consistían esas profesiones. Lo que tenía claro era que no me gustaba dar pastillas ni poner inyecciones, con lo que se derrumbó esa idea por aquel entonces y deje de lado la vía sanitaria.

Seguí creciendo y dándome cuenta de que el resto de las profesiones no terminaban de atraerme. Si, me gustaba dibujar y no se me daba mal, pero eso de ser arquitecto no me atraía nada. ¿Abogado? Quita, quita… Lo que si veía era que me gustaba hacer cosas con mis manos.

En la adolescencia, fue cuando descubrí esta profesión, y me encantó. Podía unir esas cosas que me llenaban personal y profesionalmente: ayudar a los demás con su salud, aprender más del cuerpo humano y trabajar con mis manos.

Cuando ya me decidí a estudiarla lo hice con mucha ilusión, lo que no me imaginaba era que abriría tanto mi mente a un mundo de posibilidades de las que no era consciente para poder ayudar a las personas a encontrarse mejor.

Ser osteópata no solo consiste en “crujir la espalda o el cuello” y ya, tampoco el poner las manos encima de alguien y hacer como que le das a un botón de encendido y apagado y todo se “recoloca”. Hay mucha historia detrás, mucha investigación de por qué nos pasa lo que sentimos y como hacer para corregirlo. No solamente actuamos sobre un cuerpo mecánico de huesos y músculos, también están las vísceras y los órganos que pueden desencadenarnos dolores y provocarnos cambios de posición que, mantenidos en el tiempo nos llevan a dolores articulares. La mente, esa desconocida para nosotros mismos. Desde el punto de vista de la osteopatía se puede ayudar a otra persona a acercarse a las situaciones personales que le han llevado a su mal estar actual. Gracias a ello, esa persona puede darse cuenta y poner remedio a lo que le pasa.

En definitiva, gracias a la Osteopatía he podido hacer realidad mi sueño de ser feliz haciendo aquello que me llena personalmente, ayudar al prójimo. Es una profesión muy gratificante, que te obliga a pensar y tener la mente abierta y en la que se esta en constante aprendizaje de uno mismo.

Por eso animo a todo aquel que esté dudando que no lo haga más, lánzate a cumplir tus sueños mediante una profesión que no dejará de darte alegrías para ti y los tuyos ya que la salud es lo más importante.

Javier Llames.

Un alumno de la Escuela Superior de Osteopatía del Grupo Thuban.