La importancia de las palabras en el terapeuta: comunicación interpersonal e interprofesional

 “Alone we can do so little, together we can do so much…”

Helen Keller (1880–1968)

INTRODUCCIÓN

Varias enfermedades (por ejemplo, migraña, síndrome del intestino irritable, etc.) afectan los factores biopsicosociales con un trastorno bioconductual resultante del enclavamiento entre la hipersensibilidad cortical y el proceso de aprendizaje social (Gerber and Schoenen, 1998; Grazzi and Bussone, 2011).

El enfoque de comunicación y manejo del dolor es una forma de complementar e integrar de forma privada la atención primaria y aumentar la comunicación y la colaboración entre pacientes y profesionales.

La Asociación Internacional para el Estudio del Dolor (IASP) recomienda criterios deseables para los establecimiento y el mantenimiento de estándares para los servicios de tratamiento del dolor (IASP, 2014). El General Osteopathic Council (GOsC) estableció los “Estándar de Práctica Osteopática” (OPS – Osteopathic Practice Standards ) (Osteopathic Practice Standards, 2020) en los cuales la comunicación y la colaboración con el pacientes toman el primer tema completo para promover la salud y el bienestar de los pacientes.

COMUNICACIÓN Y EQUIPO MULTIDISCIPLINAR

Los OPS y la evidencia respaldan la eficacia de la comunicación y de los equipos inter / multidisciplinarios para mejorar los resultados de los pacientes, promoviendo posteriormente un trabajo en equipo más profundo y una asociación entre el paciente y el profesional en la práctica clínica osteopática.

Se necesita una buena comunicación, así como estimular la confianza y la satisfacción laboral debido a cómo esto ayuda a brindar una atención al paciente de buena calidad (Moore, Sibbritt and Adams, 2017). La comunicación efectiva con los pacientes y entre los profesionales aumenta la confianza y permite a los miembros del personal sentirse parte de un buen proceso de trabajo en equipo. En la práctica diaria, también se ha encontrado un aumento en la confianza de las mismas familias y de los pacientes siempre que se haya transmitido este respeto recíproco. Unos de los objetivos principales de los osteópatas u de otro profesional es evitar la típica creencia del paciente representada por una frase como: “no era importante que el médico lo  supiera” (Moore, Sibbritt and Adams, 2017). Todo importa y el paciente (la persona) es y se tiene que sentir al centro del enfoque terapéutico.

Ya en pasado, para Toot (Toot, 1984) el objetivo del terapeuta tenía que responder a tres elementos: i) cuidar y ayudar al paciente, ii) educar al paciente, como su familia y otros profesionales que pueden interactuar con él, iii) trabajar como elemento de un equipo interdisciplinario. Hoy, son objetivos muy similares a los establecidos por el GOsC en los OPS. De hecho, la comunicación ayuda a negociar con pacientes “resistivos”. Pueden ser resistentes los pacientes que no desean expresarse completamente con el osteópata debido a una posible falta de confianza, por insuficiente conocimiento interpersonal, pero también se incluyen a aquellos que se han vuelto “dependientes” de los tratamientos. En todos los casos, es importante saber pedir ayuda a nuestros compañeros y/o derivar pacientes a profesionales o especialistas más expertos, como a menudo pasa con la colaboración interprofesional en la atención primaria para la población pediátrica (Morin, Desrosiers and Gaboury, 2017); respetar (aunque no se esté de acuerdo) el deseo del paciente o simplemente para verse superado en algunas situaciones. La evidencia reciente en osteopatía confirma que la comunicación promueve la colaboración productiva y una atención segura centrada en el paciente (Morin, Desrosiers and Gaboury, 2018).

TIPO DE COMUNICACIÓN

La mala comunicación verbal y aún más no verbal es capaz de producir barreras y restricciones a tal punto de dañar el correcto desarrollo de la asistencia necesaria.

La experiencia clínica enseña que la comunicación no es simplemente un intercambio de información entre terapeutas y pacientes. Todo lo relacionado con el habla, la escucha, los movimientos y los gestos, el cuerpo y / o las expresiones verbales, el tono de voz, la atención … todo esto fue, es y será parte de la comunicación. Un proceso bidireccional entre terapeuta y paciente a través de expresiones, comprensiones, respeto recíproco.

Los OPS reflejan perfectamente todo esto, aunque tal vez carezcan de una visión más amplia e inclusiva del entorno familiar o de los que suelen llamar los caregivers.

La palabra es importante, pero en diferentes circunstancias, se tiene que recordar la regla de Mehrabian 7-38-55 (Mehrabian and Ferris, 1967) (Figura 1) y que el lenguaje corporal juega un papel decisivo y de aproximadamente el 55%.

Figura 1: Regla de Mehrabian

 

Entonces será importante ser claro con las palabras, pero también con el material de apoyo que se pueda necesitar en consulta para no dejar al paciente en duda. Se pueden utilizar infografías, imágenes digitales u otros recursos para facilitar la transmisión y la comprensión de la información; esto también favorece la seguridad de recibir correctamente los consentimientos necesarios al tener que recopilar información o llevar a cabo los tratamientos.

 

La buena escucha activa, la distancia y la gestión del espacio favorecen la relación con el paciente. Del mismo modo, no se puede llegar a conclusiones o tener juicios (o prejuicios) para garantizar también la dignidad de la persona, ganar su confianza y respetar sus propias creencias (éticas, sociales, religiosas, etc.) porque la comunicación también tiene una “sensibilidad cultural” y favorece el cumplimiento de los planes de estudios y el cumplimiento del curriculum vitae osteopático (Lopez-Hernandez, 2019).

La buena comunicación es necesaria para todas las profesiones, no solo en la osteopatía y pude complementar e integrar el trabajo de muchos profesionales sanitarios que por sus intervenciones diarias están más enfocados que otros en capacitarse y actualizarse en ética, deontología y comunicación.

La tasa de crecimiento anual esperada de cuidados paliativos es del 15% hasta el 2035 (GOV.UK, 2015) y requiere una implementación coordinada de estrategias interdisciplinarias que puedan garantizar la mejor calidad de vida posible (QOL) y la figura del osteópata está tomando un papel cada vez más importante e como informó recientemente Kerr et al. (2018) (Kerr et al., 2018).

Alrededor del 75% de la población necesitará ayudas (Murtagh et al., 2013), por lo que será esencial poder ofrecer adecuadamente i) la mejor atención osteopática ii) en el lugar correcto y iii) en el momento adecuado. Las actividades clínicas diarias de los osteópatas deben adaptarse a estos cambios prospectivos (Etkind et al., 2017), y se necesita un mayor enfoque en la educación de profesionales de la salud no especializados, como se puede leer en la evidencia reciente en la que los osteópatas resultaron ser mejores o más avanzados en la empatía en comparación con otros estudiantes de medicina (Davis, Hartwig and McTighe, 2017).

COMUNICACIÓN Y INDICE DE CALIDAD DE VIDA

Entonces, el osteópata, también puede trabajar para promover la mejora del índice de calidad de vida porque este está estrictamente conectado con la compasión y la comunicación (Felgoise et al., 2016). La calidad de vida impacta en la conexión esencial entre el estado físico, psicológico, social y espiritual de las personas que va más allá de la mera rehabilitación funcional. Brindar la mejor atención a los pacientes requiere no solo comprender los cambios físicos que el paciente puede sufrir, sino también comprender el impacto de los cambios en todos sus dominios vitales (espirituales, sociales, psicológicos y físicos). Esto se ha demostrado recientemente con pacientes que han mostrado una mejora en sus dolores lumbares al comparar un tratamiento farmacológico convencional prescrito por un médico “frío”, con respecto a un enfoque centrado en una relación interpersonal y en la empatía del osteópata (Licciardone, Schmitt and Aryal, 2019).

Debido a todo esto, la comunicación con el paciente y entre todos los miembros del equipo debe ser fluida, interdisciplinaria, para resolver posibles deficiencias (Eyigor, 2010). Este es un punto clave para una comunicación efectiva y la colaboración entre el paciente y el profesional en la práctica clínica osteopática. Todo esto no se consigue si el terapeuta no será compasivo.

CONCLUSIONES

Incluso si el osteópata es experto en su propia área, él, los posibles miembros de un equipo, así como cualquier profesional, deben comenzar un proceso educativo en comunicación que asegure tener una comprensión basada tanto en la evidencia del modelo holístico-biopsicosocial del dolor de los pacientes, de los cuidadores (ej. familia o los caregivers) y de todo el personal que les rodea.

La buena comunicación entre profesionales y pacientes, la transferencia de conocimientos y los beneficios reputacionales para el equipo también garantizarán el cumplimiento de líneas guías importantes como las OPS (Habboush et al., 2019).

Incluso con recursos limitados, la atención debe guiarse por la comprensión de que el dolor del paciente está influenciado por factores de comunicación, biopsicosociales y ambientales, y el tratamiento debe basarse en la Evidencia y ser seguro.

Se tienen que maximizar el “encuentro terapéutico” y los “factores contextuales” (elementos físicos, psicológicos y sociales que caracterizan el encuentro terapéutico) (Darlow et al., 2013; Sloan and Walsh, 2010; Barker, Reid and Minns Lowe, 2009).

Las mejoras de los pacientes, tienen repercusiones económica sociales indirectas ya que muchas enfermedades incrementan los gastos de la sanidad pública (indemnizaciones, bajas, etc.), de las empresas privadas (ej. por el absentismo laboral) (Wu et al., 2012; Stovner et al., 2007) y la toma de medicamentos (Society, 2013).

Probablemente los estándares comunicativos requeridos por el GOsC han sido los pilares de las campañas de regulación de la osteopatía en Europa. Por ejemplo, el reciente documento italiano sobre las “competencias básicas” del osteópata (core competencies) (Sciomachen et al., 2018), incluye claramente las funciones de los osteópatas en términos de i) promoción y prevención de la salud, ii) atención osteopática y iii) educación terapéutica en la cual se exalta la necesidad de una excelente comunicación entre el profesional y el paciente.

Escuela Superior de Osteopatía

Prof. Dr. Antonio Ciardo, DO, MSc, MBA


REFERENCIAS BBLIOGRAFICAS

Barker, K., Reid, M. and Minns Lowe, C. J. (2009) ‘Divided by a Lack of Common Language? A Qualitative Study Exploring the Use of Language by Health Professionals Treating Back Pain’, BMC musculoskeletal disorders, 10.

Darlow, B., Dowell, A., Baxter, G. D., Mathieson, F., Perry, M. and Dean, S. (2013) ‘The Enduring Impact of What Clinicians Say to People With Low Back Pain’,  Ann Fam Med: Vol. 6, pp. 527-34.

Davis, G. E., Hartwig, W. C. and McTighe, A. J. (2017) ‘Clinical Preceptors’ Perceptions of Empathy: The Empathy in Osteopathic Training and Education (EMOTE) Study’, J Am Osteopath Assoc, 117(8), pp. 503-509.

Etkind, S. N., Bone, A. E., Gomes, B., Lovell, N., Evans, C. J., Higginson, I. J. and Murtagh, F. E. M. (2017) ‘How many people will need palliative care in 2040? Past trends, future projections and implications for services’, BMC Medicine, 15(1), pp. 102.

Eyigor, S. (2010) ‘Physical activity and rehabilitation programs should be recommended on palliative care for patients with cancer’, J Palliat Med, 13(10), pp. 1183-4.

Felgoise, S. H., Zaccheo, V., Duff, J. and Simmons, Z. (2016) ‘Verbal communication impacts quality of life in patients with amyotrophic lateral sclerosis’, Amyotroph Lateral Scler Frontotemporal Degener, 17(3-4), pp. 179-83.

Gerber, W. D. and Schoenen, J. (1998) ‘Biobehavioral correlates in migraine: the role of hypersensitivity and information-processing dysfunction’, Cephalalgia, 18 Suppl 21, pp. 5-11.

GOV.UK (2015) Choice in end of life care: GOV.UK. Available at: https://www.gov.uk/government/publications/choice-in-end-of-life-care.

Grazzi, L. and Bussone, G. (2011) ‘What future for treatment of chronic migraine with medication overuse?’, Neurol Sci, 32 Suppl 1, pp. S19-22.

Habboush, Y., Stoner, A., Torres, C. and Beidas, S. (2019) ‘Implementing a clinical-educator curriculum to enrich internal medicine residents’ teaching capacity’, BMC Med Educ, 19(1), pp. 459.

IASP (2014) Desirable Characteristics of National Pain Strategies. http://www.iasp-pain.org/DCNPS?navItemNumber=655.

Kerr, A. M., Biechler, M., Kachmar, U., Palocko, B. and Shaub, T. (2018) ‘Confessions of a Reluctant Caregiver Palliative Educational Program: Using Readers’ Theater to Teach End-of-Life Communication in Undergraduate Medical Education’, Health Commun, 35(2), pp. 192-200.

Licciardone, J. C., Schmitt, M. E. and Aryal, S. (2019) ‘Empathy in Medicine Osteopathic and Allopathic Physician Interpersonal Manner, Empathy, and Communication Style and Clinical Status of Their Patients: A Pain Registry-Based Study’, J Am Osteopath Assoc, 119(8), pp. 499-510.

Lopez-Hernandez, G. Y. (2019) ‘Enhancing Culturally Sensitive Curriculum in an Osteopathic Medical School’, Mo Med, 116(5), pp. 376-379.

Mehrabian, A. and Ferris, S. R. (1967) ‘Inference of attitudes from nonverbal communication in two channels’, J Consult Psychol, 31(3), pp. 248-52.

Moore, C. S., Sibbritt, D. W. and Adams, J. (2017) ‘A critical review of manual therapy use for headache disorders: prevalence, profiles, motivations, communication and self-reported effectiveness’, BMC Neurol, 17(1), pp. 61.

Morin, C., Desrosiers, J. and Gaboury, I. (2017) ‘Descriptive study of interprofessional collaboration between physicians and osteopaths for the pediatric population in Quebec, Canada’, BMC Health Serv Res, 17(1), pp. 726.

Morin, C., Desrosiers, J. and Gaboury, I. (2018) ‘Enablers and barriers to the development of interprofessional collaboration between physicians and osteopaths: A mixed methods study’, J Interprof Care, 32(4), pp. 463-472.

Murtagh, F., Bausewein, C., Verne, J., Groeneveld, E. I., Kaloki, Y. E. and Higginson, I. J. (2013) ‘How many people need palliative care? A study developing and comparing methods for population-based estimates’, Palliative Medicine.

Osteopathic Practice Standards (2020). Available at: https://standards.osteopathy.org.uk/.

Sciomachen, P., Arienti, C., Bergna, A., Castagna, C., Consorti, G., Lotti, L., Longobardi, M., Lunghi, C. and Tramontano, M. (2018) ‘Core competencies in osteopathy: Italian register of osteopaths proposal – International Journal of Osteopathic Medicine’, International Journal of Osteopathic Medicine, (27), pp. 1-5.

Sloan, T. J. and Walsh, D. A. (2010) ‘Explanatory and Diagnostic Labels and Perceived Prognosis in Chronic Low Back Pain’, Spine, 35(21).

Society, I. H. (2013) ICHD Guidelines. Available at: http://www.ihs-headache.org/ichd-guidelines.

Stovner, L., Hagen, K., Jensen, R., Katsarava, Z., Lipton, R., Scher, A., Steiner, T. and Zwart, J. A. (2007) ‘The global burden of headache: a documentation of headache prevalence and disability worldwide’, Cephalalgia, 27(3), pp. 193-210.

Toot, J. (1984) ‘Physical therapy and hospice. Concept and practice’, Phys Ther, 64(5), pp. 665-71.

Wu, J., Hughes, M. D., Hudson, M. F. and Wagner, P. J. (2012) ‘Antimigraine medication use and associated health care costs in employed patients’, J Headache Pain, 13(2), pp. 121-7.