Las terapias naturales están en continua evolución, estudiando el cuerpo humano y su complejidad para hallar métodos que preserven su salud sin necesidad de ser intrusivos. Todo ello, mirando un poco más allá y entendiendo nuestro ser no sólo como un conjunto de órganos, sino como un todo energético y material que interactua con el mundo.

Vivimos en una sociedad que está ansiosa de innovación, que busca continuamente enfoques y respuestas nuevas y en la que el inmovilismo o la simple lentitud son sinónimos de extinción. El continuismo —seguir haciendo las mismas cosas de siempre o explorar cosas nuevas pero con la visión de siempre— es el mejor camino y el más rápido para desaparecer/acabar desapareciendo engullidos por la vorágine de lo novedoso. Esta vorágine innovadora se ve impulsada por los continuos avances tecnológicos. En los próximos años, mucho antes de lo que a algunos les pueda parecer, atravesaremos un proceso de digitalización social que lo cambiará todo. De hecho, ya estamos inmersos en él. Nuestro sector, la Salud, no sólo no está al margen de esta revolución sino que es uno de los motores principales del nuevo entorno de Salud 5.0.

La Unidad de Revitalización Avanzada del Centro Médico del Programa Philippus de Medicina Integrativa del Real Centro Universitario es un claro ejemplo de esa innovación en el ámbito de la Salud. Más aún, es ejemplo referente de innovación disruptiva, es decir, aquella que no se limita a evolucionar sobre lo preexistente sino que supone un antes y después.

Como líder de esta Unidad de Alta Resolución, en la que trabajamos con técnicas científicas y terapéuticas como la Bionergología, la Apiterapia, la Hirudoterapia… me han pedido que explique qué hacemos en ella, cuál es nuestra visión del binomio salud / enfermedad y cómo investigamos e innovamos para ofrecer la mejor calidad asistencial y ayudar de forma decisiva a que las personas disfruten de una vida saludable, porque es agradable estar rodeados de gente sana. Hoy voy a hablaros de la Bioenergología.

El ser humano como conjunto de células

Los seres humanos estamos conformados por células. Durante mucho tiempo nos hemos preguntado sobre la cantidad de células que conforman nuestro cuerpo y al hacerlo dudábamos entre cinco mil millones y doscientos trillones. Recientemente, un equipo investigador internacional encabezado por científicos italianos ha llegado a la conclusión de que la cifra ronda los cuarenta billones.

Todos sabemos que cada célula es un ser vivo independiente, o por decirlo de alguna manera, yo no soy un solo JADS sino unos cuarenta billones de JADS. Lo que ocurre es que cada uno de mis “jadscitos” ha decidido colaborar con el resto y especializarse para conformar un ser mucho más complejo y valioso, porque una vez más el todo es superior a la suma de las partes.

En cada célula se producen más de mil reacciones bioquímicas por segundo. Ante tan enorme actividad, para que el organismo esté coordinado y no entre en caos, se necesita la información del lugar y el momento exactos en que cada una de estas reacciones ha de suceder. Es decir, para que este acuerdo de colaboración y especialización funcione, cada una de esas aproximadamente cuarenta billones de células que componen un cuerpo humano está en constante comunicación con el resto; imaginad el “cacao” comunicativo que hay en nuestro cuerpo, muchísimo más que la suma de todas las comunicaciones artificiales que hay en el Mundo, ¡impresionante, ¿no?!

Las células se comunican

Pero… ¿cómo se comunican entre sí todas esas células? Desde los años 80 del s. XX, gracias a las investigaciones del físico alemán Fritz Alexander Popp, sabemos que lo hacen mediante la emisión de biofotones, fotones de luz ultravioleta de muy baja intensidad que se originan en el núcleo celular, son emitidos y recogidos y leído por el ARN del resto de células; esa comunicación proporciona la necesaria ubicuidad al organismo. Las células producen una radiación coherente en forma de patrón de interferencia y esta interferencia permite a las células comunicarse entre sí; todas las células se comunican con patrones ondulatorios específicos.

Las células hacen que las interferencias sean mayores en las longitudes de onda en las que se comunican ellas mismas. Una de las formas en que se comunican es cancelando las ondas que envían entre ellas, dejando un espacio de quietud de modo que cuando cualquier pequeña perturbación surge, la perciben de inmediato. Estas conclusiones son el resultado de la experimentación que el Instituto Internacional de Biofísica de Popp ha llevado a cabo a través de los años.

Nuetro yo material y nuestro yo energético

¿Recordáis cuando en la Física de bachillerato estudiábamos la dualidad onda – corpúsculo? Es un hecho comprobado que la realidad tiene una naturaleza dual: partícula y energía, corpúsculo y onda. Así, puesto que el ser humano está formado por átomos, también tiene esa doble naturaleza de materia y energía, es decir, poseemos un cuerpo material y otro energético (E= mc2), de hecho, se calcula que el energético es aproximadamente el 80% de nuestro ser.

Analizar la información que están transmitiendo estos biofotones emitidos nos permite conocer lo que nuestras células están hablando entre ellas, y así conocer el verdadero estado de salud de la persona, dónde se bloquea su energía y por lo tanto la verdadera etiología u origen de la patología y tratar ésta mediante pulsos coherentes aprovechando el principio físico de la resonancia, ayudando a lograr la rearmonización energética del organismo y con ella su sanación. O dicho de otro modo: desde esta visión las enfermedades no serían más que alteraciones en la comunicación que existe entre las células, por lo que la clave para recuperar la salud sería recuperar la correcta comunicación intercelular.

Pero es más, como la comunicación intercelular tiene lugar por medio de fotones, y los fotones ser/son/serían universales, iguales para todos, se hace posible la comunicación entre seres vivos de distintos reinos o especies: humanos y plantas, humanos y animales. A nuestro alrededor hay un mundo, un universo, que habla sin cesar, tan sólo tenemos que perfeccionar nuestro conocimiento de la lengua que emplea. Y esa comunicación que no cesa también se produce entre nuestro alma, nuestra mente y las células del cuerpo; ¿has leído sobre lo bueno que es hablarle a tu cuerpo?

Las “melodías” del cuerpo humano

En la pasada década de los sesenta, se redescubrió (lo hizo el médico francés Paul Nogier, creador de la Aurículomedicina) que nuestro organismo es sensible a determinadas frecuencias de luz y de sonido, a la vibración en definitiva… y que el organismo reacciona ante ellas como si le hablaran en su propio lenguaje, por lo que, si utilizamos esas frecuencias, es posible darle instrucciones.

Se descubrieron siete frecuencias fundamentales, como las siete notas musicales o los siete colores del arco iris (pues para estar armonizada con la naturaleza, nuestra sociedad debería estar construida sobre base heptagesimal, y no sobre base decimal, como ya sabían algunas culturas del pasado…). Si emitimos la primera frecuencia, la A, a un tejido, éste se desinflama: por tanto, en el lenguaje del organismo, la frecuencia A corresponde a la palabra desinflamación. La frecuencia D está especializada en las conexiones, por lo tanto regula cuando hay conflictos cuerpo-mente, barreras entre los hemisferios cerebrales o problemas de lateralidad. La frecuencia E está especializada en el sistema nervioso autónomo; por tanto regula todos los problemas neurológicos, incluido el dolor.

Las sensaciones, las emociones y los pensamientos, no son visibles o tangibles, pero nadie duda de su existencia. Emociones, pensamientos y conciencia mueven las vidas de las personas y lo que sucede en el mundo, y todos ellos se originan y producen en el nivel ondulatorio de la realidad, no en el material.

La Física Cuántica ha alcanzado un gran protagonismo en nuestra civilización pues gracias a ella se ha producido la revolución tecnológica. La informática y las telecomunicaciones, los ordenadores, Internet  y las redes sociales, existen gracias a ella. Nuestra cultura ha aplicado lo cuántico con increíbles resultados, y sin embargo en las universidades de Occidente se desconoce el funcionamiento cuántico de los seres vivos; ni siquiera se considera la existencia del aspecto cuántico del ser humano. Sin embargo, en esa vertiente ondulatoria apenas estudiada se encuentran las claves de cómo el cuerpo se comunica internamente, de su malfuncionamiento, y por tanto la clave para corregirlo y tener salud, y también la clave para promover nuestras capacidades físicas e intelectivas.

¿Qué pasa en la práctica?

Actualmente contamos con dispositivos médicos que nos permiten captar, analizar interpretar e interactuar con la comunicación biofotónica de los organismos. De este modo podemos evaluar el estado de un organismo, aplicar terapias para mantener o recuperar la salud y técnicas para promover las capacidades personales.

Uno de estos dispositivos es el GDV Biowell. Es uno de los dispositivos que utilizo en mi consulta. Biowell es un sistema no invasivo para medir el campo de energía humano a través de una cámara especializada y un software específico. Cuando se realiza una exploración, se aplica a la yema de los dedos un campo eléctrico muy débil, que es completamente indoloro e inocuo, durante menos de una milésima de segundo, con lo que se estimula la emisión de fotones y electrones en la piel del paciente.

Una cámara fotográfica especial capta los fotones emitidos por cada dedo de las manos y un potente algoritmo analiza los datos digitalizados y crea un perfil fotónico de la persona. Los datos obtenidos aportan información sobre las alteraciones en la coherencia de los sistemas cuánticos que regulan las células. Estos datos obtenidos se asignan a los diferentes órganos y sistemas del cuerpo basándose en los meridianos energéticos descubiertos por la MTCh.

El big Data para analizar estos datos

En un proceso de Big Data, los datos aportados por la imagen fotónica obtenida se comparan, mediante Data Analytics, con la base de datos de cientos de miles de registros utilizando 55 parámetros discriminatorios distintos. Estas imágenes se analizan mediante técnicas algorítmicas fractales y matriciales y los resultados se registran de modo que puedan ser interpretados por los terapeutas. El software, que es muy amistoso y sencillo de utilizar, construye una imagen 2D de todo el cuerpo del paciente y gráficos de distintos tipos, de modo que el terapeuta puede obtener mucha información realizando mediciones de la energía humana sobre el perímetro, el área, etc, de los diferentes sectores.

La base científica conceptual de la bioenergología fue propuesta por primera vez por el Dr. Reinhold Voll en Alemania, más tarde desarrollada por el Dr. Peter Mandel, y luego verificada clínicamente y corregida a través de muchos años de investigación clínica llevada a cabo por un equipo dirigido por el Dr. Konstantin Korotkov en la Universidad de San Petersburgo, Rusia.

Un diagnóstico para el trabajo del terapeuta

Y lo mejor es que esta tecnología no sólo es diagnóstica, sino que también es terapéutica. A partir de la información obtenida el sistema elabora una “melodía” con la frecuencia adecuada que es enviada al paciente como biofeedback; al recibir este mensaje, el organismo resuena con la frecuencia emitida con lo que se tiende a recuperar la coherencia cuántica y el organismo se autorregula.

La frecuencia se envía al paciente mediante unos cascos especiales dotados de un transductor que se aplica sobre su sien; los mecanismos internos de autorregulación sólo se ponen en marcha si el organismo reconoce la frecuencia emitida como una información afín. El efecto es muy rápido, en muchas ocasiones la persona que recibe la sesión nota cambios de inmediato. Todo lo que sucede en una sesión por pulsos de luz ocurre porque la inteligencia del organismo activa sus propios recursos al recuperar la información de su estado. El propio sistema coherente orgánico decide cómo, cuándo y cuánto responde a la información.

El agua como portadora de la frecuencia

El paciente puede llevarse la melodía a casa grabada en un dispositivo USB o podemos enviársela mediante un sencillo correo electrónico. Pero es más, también podemos cargar la frecuencia resonante en el agua de una botella de agua mineral para que el paciente la vaya tomando durante los siguientes días. Alrededor de un 75% de nuestro organismo es agua, en realidad somos agua, e ingerir agua que resuena con nuestro organismo es una de las mejores maneras de contribuir a la sanación, pues esa agua va a entrar en la cadena metabólica, no sólo en el nivel celular sino en el molecular y atómico. Esa capacidad de memoria cuántica del agua ha sido probada a través de las investigaciones de los Profesores Emoto y Nemoto, del Premio Nobel Dr. Luc Montanier…

Pero volvamos a la información obtenida a partir del análisis de los fotones, el software del dispositivo permite construir el ciclo de biorritmos físicos, emocionales e intelectuales hasta a un año vista, aunque lo habitual es construirlos para los siguientes treinta días e ir actualizándolos. El análisis del ciclo biorrítmico permite prever cuando es el mejor momento para, por ejemplo, someterse a una intervención quirúrgica o en qué días deberíamos evitar ésta a toda costa.

El biofeedback resonante permite optimizar la situación energética de la persona para que afronte la intervención en las mejores condiciones posibles. Los resultados muestran que la intervención quirúrgica transcurre en mejores condiciones, el postoperatorio de los pacientes tratados es mucho más breve, se recuperan antes y su salud realmente es mejor que la de los pacientes de grupos de control.

Usar los biorritmos para fomentar la productividad empresarial

Además, la bioenergología puede aplicarse a la gestión de empresa. Desde la época de la antigua Unión Soviética, Rusia utiliza la bioenergología para alumbrar a su multitud de medallistas olímpicos y campeones mundiales de ajedrez; basta echar un vistazo al medallero para comprobar su preponderancia.  Ahora, incorporando investigaciones avanzadas, podemos utilizarla para incrementar las capacidades directivas y la toma de decisiones. Vamos a descubrir cómo.

Es inmediato deducir que estas capacidades de actuación pueden ser aplicadas a los directivos y ejecutivos de empresa. El análisis del ciclo de sus biorritmos nos permite saber qué días son los mejores para mantener una reunión, realizar negociaciones o tomar decisiones importantes. El tratamiento con el dispositivo permite cuidar su salud, mantener monitorizados sus niveles de stress y reducirlos y promover su energía, acortando el ciclo de los biorritmos; si la actuación de los hombres de empresa ha de tener lugar en un momento poco propicio, podemos actuar para promover sus capacidades intelectuales, emocionales y físicas y hacer que su nivel de stress sea el menor posible. Si ya se ha tomado una mala decisión, si la situación negativa para la empresa ya ha ocurrido, podemos apoyar a sus ejecutivos para que asimilen la situación y estén en las mejores condiciones de responder en un espacio de tiempo muy corto.

No tenemos que olvidar la importancia de la energía del entorno. Este sistema dispone de otro dispositivo, conocido como “Sputnik”, que permite medir la energía del lugar donde va a tener lugar una reunión, la del grupo humano que se reúne, o la suma de ambas, y actuar sobre ellas para elevarlas a mejores parámetros.

En mi doble vertiente de ingeniero y naturópata estoy totalmente convencido de que la bioenergología será la base del cuidado de la salud en el futuro.

El arte de innovar

Ahora permitidme que os haga una pregunta a todos: ¿por qué Colón y nadie más que él podía descubrir América?  La razón es sencilla: porque mientras todo el mundo navegaba hacia el este, él fue el único que tuvo la intuición y el valor de navegar hacia el oeste, luego, si había algo allí, sólo él podía descubrirlo. Lo que Colón hizo fue innovador, innovación disruptiva.

Y ahora, para terminar, por favor decidme, ¿hemos hablado de medicina, de gestión de empresa, o de innovación disruptiva?  En estos tiempos, a los profesionales se nos piden ideas innovadoras, más aún, disruptivas, pero la disrupción requiere valor, ¿estamos preparados?