En la tarea cotidiana como profesionales de la salud es importante considerar que entre paciente y terapeuta se forma una relación muy particular surgida de un pedido de ayuda por parte del paciente, de un contrato explícito que propone el profesional (encuadre terapéutico) y de un acuerdo implícito entre ambos que tiene su raíz en la capacidad del ser humano de establecer vínculos de apego y relaciones sociales. Aunque esta interacción es muy diferente a cualquier otra conexión personal que se pueda establecer en la vida, está basada también en la capacidad humana de conectar con los demás, generar lazos afectivos y confiar en otras personas.

El sistema de sociabilidad, la capacidad de establecer conexiones sociales y la confianza son esenciales en el marco de la atención sanitaria para el logro de una alianza terapéutica óptima que ayude al progreso del tratamiento y lo potencie.

El objetivo de nuestra profesión, bajo mi punto de vista, es acompañar a la persona que necesita ayuda en su proceso de curación y en la adquisición de herramientas saludables y recursos adecuados para no repetir las tendencias nocivas que la llevaron a consulta. En este proceso que tiene sus ritmos y oscilaciones son necesarios períodos de dependencia del paciente en el sentido que sienta un apoyo seguro y confiable respecto al saber del terapeuta para poder aceptar e incorporar sus propuestas y técnicas. Pero al mismo tiempo es muy importante que el profesional se interese por las características singulares de su paciente, respete su individualidad, lo escuche, vea, reconozca las herramientas y recursos que ya utiliza y contemple su capacidad de resolución o resiliencia.

Del lado de los profesionales sanitarios la propia capacidad de resiliencia aporta una clave importante a la hora de acompañar a una persona que sufre ya que permite aceptar la incertidumbre y confiar no solo en sí mismo y sus técnicas sino también en las fuerzas y posibilidades del paciente. Esta cualidad nos ayuda a respetar sus limitaciones actuales y a establecer una distancia óptima y equilibrada para acompañarlo en su proceso sin acelerar etapas ni invadir su espacio personal de aprendizaje.

En este sentido es importante fomentar en los pacientes una autonomía cada vez mayor y establecer con cada uno de ellos una alianza en donde exista un intercambio colaborativo y en donde ambos tengan una parte activa en el tratamiento y en la resolución del problema. Esta dinámica será fundamental para establecer objetivos terapéuticos acordes a cada persona, alentar la exploración, procurar las herramientas adecuadas y propiciar el vínculo óptimo que facilite la tarea.

El contexto de atención sanitaria involucra diferentes variables que los profesionales debemos considerar ya que las personas tienen características singulares y únicas y, por tanto, no podemos pretender que la relación que establezcamos con ellas sea la misma o que el desarrollo del tratamiento resulte igual en todos los casos.

Considerando estas diferencias fundamentales, con cada uno de nuestros pacientes, deberíamos establecer un pacto y un acuerdo de cooperación ya que esto potencia la alianza terapéutica, facilita el cuidado de ambos y, en definitiva, beneficia los tratamientos.

Laura Grinsztajn.

CLÍNICA THUBAN (Cita previa 91435 02 90)

Psicóloga Sanitaria Colegiada.

Tratamiento psicológico de dolor crónico y trauma

Autora. Formadora.

(Extracto del Manual La exploración de recursos corporales y el vínculo terapéutico. En edición).