De vez en cuando me encuentro con que, al conocer a qué me dedico, me preguntan por qué hay personas que gozan de buena salud a lo largo de su vida o la recuperan aunque hayan contraído enfermedades severas, mientras que otras no lo consiguen. Es una pregunta que no tiene una respuesta sencilla, pero después de muchos años de estudio, investigación y ejercicio profesional, puedo darles una buena respuesta.

Después de haber atendido a miles de pacientes, estoy convencido de que no existen dos pacientes iguales y que unos mismos síntomas, una misma patología, se originan y evolucionan de forma muy distinta según la persona. Lo único que he encontrado en común en todos ellos, es que no hay nada en común y que cada caso, por muy parecido que sea, necesita ser evaluado en detalle y sin juicios previos. Y es que la vida nos enseña a todos que, a menudo, el secreto para solucionar los problemas consiste en enfocarlos desde otra perspectiva, una perspectiva que nos permita apreciarlos en toda su dimensión en lugar de fijarnos sólo en los detalles más llamativos y que ‘los árboles no nos dejen ver el bosque’. Es decir, para abordar/alcanzar una nueva perspectiva sobre nuestra salud se trata de no fijarnos sólo en aspectos concretos, en lo evidente, porque eso puede ocultar el origen del verdadero problema. En el cuidado de la salud ocurre lo mismo. No son pocos los pacientes que, después de explicarles porqué   —en mi humilde opinión profesional—    les está ocurriendo lo que les ocurre, me dicen algo parecido a “no lo había pensado nunca, no me habían dicho nada parecido, pero creo que tiene usted razón”.

¿Cómo aborda las patologías la medicina convencional?

Frente a esa forma de actuar, todos hemos vivido la experiencia de profesionales de la sanidad convencional que abordan las patologías de forma aislada entre si, buscando las causas y tratándolas en la ubicación fisiológica donde están/se ubican/identifican los síntomas, sin pensar que el problema puede estar más allá. Con esa forma de entender la salud /enfermedad, muchos pacientes acaban en un via crucis, teniendo que acudir a múltiples especialistas que les tratan sin coordinación, cuando en realidad el origen de su dolencia es sólo uno y quizá esté originado lejos de donde aparecen los síntomas. Eso, e intentar solucionarlo todo mediante farmacoquímica o cirugía, es el pecado original de la medicina convencional. Estupenda para algunas cosas, pero estrepitosamente insuficiente para otras.

La medicina natural no son sólo preparados naturales

cefalea

Pero la medicina natural no está tampoco libre de pecado. En los últimos años proliferan los profesionales de la s

alud que dicen practicar la medicina natural o incluso la medicina integrativa, pero en realidad no lo hacen. Prescribir preparados naturales en lugar de medicamentos no es medicina natural, sino medicina alopatizada. La diferencia entre la medicina convencional y la natural no está en utilizar fármacos químicos o nutracéuticos naturales sino en los principios y paradigmas en los que se basan.

La medicina natural tiene sus propios principios y paradigmas que hay que aplicar desde el momento en el que el profesional posa su vista sobre el paciente y comienza así a evaluar su salud. La mayoría de los profesionales que dicen ejercer medicina natural o integrativa desconocen en realidad esas bases y paradigmas, no se han formado en absoluto o lo han hecho acudiendo a cursillos de fin de semana impartidos por laboratorios interesados en promocionar sus productos. Igual ocurre con muchos de los profesionales que aparecen en los medios de comunicación. Todos ellos se limitan a prescribir preparados naturales en lugar de medicamentos   —pues para eso les pagan los laboratorios patrocinadores— pero lo hacen entendiendo el proceso y evaluando al paciente desde los principios de la medicina convencional y no desde los de la natural. Actuando así, apenas cambia nada. Y ya sabemos que no podemos esperar resultados diferentes si continuamos haciendo lo mismo.

En mi opinión, tras esos muchos años de estudios, investigación y ejercicio profesional ayudando a miles de pacientes a quienes antes mencionaba, el secreto de la salud está en entender al ser humano en toda su dimensión   -cuerpo, mente y alma-   y trabajar sobre estos tres niveles para conseguir una verdadera sanación. La medicina fue una y sólo una hasta que a mediados del siglo XIX se produjo el desarrollo de la química industrial, y con él de la farmacoquímica. Así, la medicina se industrializó entregándose a la visión química y olvidando la física. Pero gracias a los grandes físicos de finales del siglo XIX y primera mitad del XX sabemos, con fundamento científico, que la materia y la energía son una misma cosa y que ambas realidades conviven en el ser y se transforman una en otra.

La farmoquímica no siempre tiene la respuesta

Durante décadas la farmacoquímica se ha convertido en el dios al que se acudía para pedirle respuesta ante cualquier enfermedad. Si una nueva patología aparecía sobre el escenario, inmediatamente se volvía la vista hacia ella buscando una vacuna que la previniera, un fármaco que la curara o al menos la convirtiera de mortal en crónica. Pero como todo dios, la farmacoquímica también exige que se le hagan sacrificios: en este caso los sacrificios son las inmensas cantidades de dinero que los erarios públicos aportan a las corporaciones farmacéuticas y los millones de pacientes que cada año enferman y llegan a fallecer por efectos secundarios de los medicamentos (según los datos de la propia Organización Mundial de la Salud, el 60% de los enfermos ingresados en hospitales lo están por enfermedades originadas por los propios fármacos).

En los últimos años, al tener mucha más facilidad de acceder a la información y cultura para hacer un uso crítico de ésta, la gente está ganando consciencia de lo importante que es cuidar la salud. Las personas no sólo quieren disfrutar de una buena salud ahora, sino también de un envejecimiento saludable. Igual que van guardando dinero en forma de contribuciones al plan de pensiones para su jubilación, también viven cada vez más conforme a estilos de ser y hacer que les aporten salud ahora y en la vejez. Pero no basta con preocuparse y cuidar lo que comemos, bebemos, respiramos… si la persona está conformada por cuerpo, mente y alma, no basta con cuidar el cuerpo, también hay que cuidar la mente y el alma y, muy importante, cómo se relacionan estas tres realidades del ser. Y ahí es donde la física viene a complementar e integrarse con la química.

El abordaje desde un enfoque bioenergético

Medicina Tradicional China

Por lo tanto, incluir en la evaluación y tratamiento de una patología la dimensión energética de nuestro ser, y no sólo la material, es esencial para conocer lo que de verdad nos está ocurriendo y cómo tratarlo; eso se logra, entre otras formas, aplicando técnicas bioenergéticas que la medicina convencional no aplica. La bioenergología, una especialidad del cuidado de la salud que utiliza dispositivos médicos muy avanzados y que permite, de forma muy sencilla y no intrusiva ni dolorosa, conocer el estado energético del paciente, tendrá un enorme desarrollo en las próximas décadas y acabará convirtiéndose en la base de ejercicio sanitario.

Así, por ejemplo, molestias en el hombro pueden estar originadas por un campo interferente intestinal, y éste, a su vez, por una disbiosis de etiología emocional; o problemas como la dificultad eréctil y la eyaculación precoz en el varón y la anorgasmía y coito molesto en la mujer suelen estar relacionados con bloqueos energéticos a nivel lumbar. Todo ello de fácil tratamiento.

La medicina convencional y la natural no están enfrentadas, se complementan y trabajan de forma conjunta para ofrecer al paciente un abordaje integrativo de su dolencia, utilizando lo mejor de cada una de ellas. Y esta es nuestra misión.

La formación pero también la investigación

España ocupa una posición de liderazgo internacional en atención sanitaria   —que no en gestión— y el Programa Philippus de Medicina Integrativa del Real Centro Universitario es la referencia internacional en su ámbito. En nuestras clínicas desarrollan investigación, docencia y atención al paciente, los mejores profesionales, profesores del programa del Centro Universitario; todos ellos dominan las destrezas adecuadas para evaluar y tratar de por si al paciente o trabajando como parte de un equipo con otros profesores si el problema lo requiere.

Al tratarse de un programa desarrollado por un centro universitario, Philippus investiga y se mantiene en contacto permanente con otros centros similares para conocer las innovaciones y poder aplicar en todo momento los tratamientos integrativos más avanzados y eficaces. Más aún, es Philippus quien está generando mucho del conocimiento innovador.

Desde la perspectiva de la medicina integrativa todos los problemas de salud tienen tratamiento y con buen pronóstico de evolucionar de forma positiva o al menos proporcionar una notable mejora en la calidad de vida, como estamos viendo cada día.

Ahora, todos conocéis mi respuesta a la pregunta con la que comenzaba este escrito: por qué hay personas que gozan de buena salud a lo largo de su vida o la recuperan aunque hayan contraído enfermedades severas mientras que otras no lo consiguen.

Hola, soy el Prof. JADS*, director académico de Philippus, si te gusta mi visión, nos vemos pronto en estas páginas.

José Ángel Diez SequeraEl Prof. JADS
El Prof. JADS (José Ángel Diez Sequera) es el creador de Philippus y nuestro director académico y de relaciones institucionales.