Una de las frases más repetidas durante estos meses es que nunca volveremos a ser como antes ni volveremos a ver el mundo del mismo modo.

Este aislamiento social nos ha abocado a buscar desesperadamente nuevas maneras de seguir en contacto. Hemos sucumbido totalmente ante un mundo digital al que hasta hace poco éramos reacios y que nos ha permitido, aun en la lejanía, acercarnos unos a otros y transmitir detrás de nuestras pequeñas pantallas, las muestras de cariño, de dolor, de apoyo, y de esperanza, que tanto necesitamos.

Todos somos conscientes de que el contacto físico y el virtual no son lo mismo ni deberían serlo nunca, pero también comprendemos que el mundo ahora está sufriendo menos gracias a ello. Esta situación excepcional ha sacado a la luz el lado humano de la virtualidad, porque, en definitiva, el mundo digital no deja de ser un instrumento a nuestra disposición cuyo valor dependerá del uso que de él hagamos.

Estas últimas semanas, una de las imágenes que más nos emocionan y que nos arrancan a la par lágrimas y sonrisas es ver cómo, desde los hospitales, los sanitarios, a través de sus dispositivos móviles, hacen posible estos mágicos encuentros que nunca deberían sustituir a un abrazo de verdad, pero que hoy día son cruciales y una de las partes más humanas, aun siendo virtuales, de esta situación que nos toca vivir.

De manera análoga, en el ámbito educativo la enseñanza virtual durante las últimas dos décadas ha jugado un papel esencial y a veces poco reconocido, acercando la educación a todas aquellas personas que se han visto imposibilitadas para poder acceder a la formación presencial; circunstancias económicas, geográficas, personales y laborales han sido, son y serán, cada vez más, impedimentos favorecedores de la brecha educativa y de la desigualdad de oportunidades a la hora de acceder a la educación.

También a nivel universitario, y a partir del marco común fruto del Espacio Europeo de Educación Superior (EEES), quedó patente que académicamente nos movemos en un mundo global, donde las fronteras físicas poco o nada deberían importar. Así lo evidencia que uno de los tres pilares fundamentales del nuevo sistema universitario y que ocasionó cambios sustanciales respecto al modelo anterior fue- y sigue siendo- la adaptación metodológica y tecnológica.

Actualmente, y debido a la pandemia que estamos sufriendo, todas las universidades están adaptando sus metodologías y sistemas de evaluación a criterios de no presencialidad, fomentando el e-lerning y la evaluación continua.

En GRUPO THUBAN, desde hace años, miles de alumnos se han formado y siguen formándose bajo la modalidad b-learning, compaginando la formación virtual con la presencial, y siguiendo el modelo de evaluación continua. Y en este modelo educativo, siguen siendo las personas el valor primordial: alumnos y profesores que aun en la distancia y en la virtualidad han sabido tender fuertes lazos entre ellos, no solo académicos, sino también personales.

Porque como ocurre hoy en día, la virtualidad se humaniza cuando las circunstancias lo exigen.


Nuestro campus virtual es un entorno amigable para el estudiante. Buscamos tecnologías user-friendly.

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